Señor, le oculto a mi conciencia la presencia del alma mía donde estas tu, fuente de vida, verdad, amor, paz y libertad. Con mis razones y emociones desbocadas y el ansia de sentir las sensaciones de mi cuerpo distraigo mi conciencia de tu luz que se enciende en el alma con tu espíritu Santo.

Ayúdame Señor a mirarte sobre todas las cosas, a esperarte sobre toda la vida, a sentirte emergiendo de tu creación con tu bondad y tu paz.

En ti está la luz que ilumina mis dudas y mis temores, luz de paz plena y eterna que da gozo al mundo y gracia al universo.

Cuando recupero la quietud de mi conciencia en el silencio de mi oración, te miro en Jesucristo, encarnado en esta vida dándonos tu divina conciencia y la puerta a tu eterna gloria. Jesús, en ti confío, te necesito, ayúdame a descubrirte no en la tormenta, ni el fuego o el terremoto, sino en el suave abrazo de la brisa con la tierna mano de la tierra sosteniéndonos.

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