Te adoro eterno Padre, sacrificando a tu hijo y renovando la faz de la tierra con tu Espíritu Santo, pues confiaste toda tu voluntad en la humanidad uniéndote en Nuestra Santa Madre la Virgen María, para divinizar con tu presencia a la humanidad.

Te reconozco y te venero, oh Virgen santísima, Reina de los cielos, Señora y Patrona del universo, que con la libertad de Hija del Padre, fuiste esposa del Espíritu Santo y Madre del Hijo con todo el amor y entrega humana a la única, divina, e individua Santísima Trinidad.

Sin tu aceptación de la providencia, nunca alcanzaríamos la plenitud del amor, con los dones y gracias de la Santísima Trinidad. La suma voluntad creadora, la palabra de tu hijo, su cuerpo y sangre y el consuelo y guía de encarnar el Espíritu Santo en nuestra vida para la salvación de nuestra alma en la gloria del Padre Nuestro.

Te amo Madre Nuestra. En la Santísima Trinidad siempre serás humanidad viva y presente. Cumpliste la Misión de Amor antes de escuchar la primera palabra del niño Dios: amaste a Dios sobe todas las cosas y al prójimo como a ti misma. Madre Nuestra, ruega por nosotros. AMEN

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