Alma mía, amar es un acto de humildad, pues muestras que eres realmente imagen y semejanza de Dios. Descubres el Amor que Dios te da, le das presencia al Amor que Dios que crea, bendice y transforma. Al amar bendices lo que te rodea, construyes y te sostiene. Al amar descubres los dones que Dios ha puesto en ti para extender su creación y bendecirla. Cuando amas, te niego a ti misma (niegas tu egoísmo), cargas tu cruz (aceptas la realidad que vives) y sigues el camino de amor de Cristo.

Ama “amar” a Dios primero que todo para descubrir tu ánimo (alma) confundido, dolido y opacado por rencores y resentimientos. Ama al amor de Dios sobre todas las cosas, Ama a quien ama el Señor, tu prójimo y tu misma. Corre con humildad al encuentro con el Padre Nuestro, retírate a lo secreto, cierra la puerta de tu habitación y llámalo en nombre de Jesucristo y dialoga con Él en oración, que el Padre te escucha siempre.

Dentro de ti puedes mirar el vacío del egoísmo que atormenta tu conciencia. También dentro de ti puedes distinguir el amor de Dios que anima tu vida, que da vida a la vida. Ámalo, llámalo “Padre Nuestro”, en nombre de Jesucristo, y descubrirás la plenitud de su Espíritu Santo dentro de ti. Concéntrate y lo hallarás, pues Dios está presente en tu presencia y con tu presencia.

Ama este encuentro con tres personas en un sólo Dios, que nunca te ha abandonado, a pesar de tus errores o pecados que han opacado tu ánimo. Su misericordia es mayor que tus pecados, su perdón más grande que tus ofensas. El Señor quiere que le respondas a la vida con la humildad del amor, con la conciencia de que el rumbo es Amar. Que tu camino, verdad y existencia tengan la huella del Amor. Que ames al descubrir con humildad que Dios te creo, a imagen y semejanza, como “Templo vivo del Espíritu Santo”.

Ama y siente al Espíritu Santo iluminar tu espíritu. Es el Padre Nuestro, por eso es tu origen.

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Siembra y Ama esos momentos que le das a tu conciencia para descubrir en tu espíritu la verdad, el camino y la vida en todo: el aire que respiras, en cada molécula de tu cuerpo, en todo y en quienes te rodean. Observa bien el fondo de tu conciencia y reconoce la presencia del Señor que espera que lo ames en primer lugar, para que ames a tu prójimo y a ti mismo. Que ilumine con su Amor todas las cosas, toda preocupación, rencores, resentimientos. Cada pensamiento y sentimiento que perturban mi corazón.

Ama y deja de condenar para que salves a tu prójimo.

Ama guiando a tu prójimo al espíritu que es el hogar del alma.

Dale tiempo a tu vida amando salvar al prójimo, que es el Amor del Señor como lo eres tú.

Retírate a dialogar, a orar con el Señor y permite que el verbo Amar se encarne en tu vida, que su amor sea la piedra angular que sostiene tu conciencia y te guía en la creación de Dios, la creación de tu vida.

Cree en su amor, crea en su Amor con su Amor, expresa el amor con tu mente y tus emociones. Domina las acciones de tu egoísmo. Aceptan la cruz y siguen el camino de Cristo amando lo que haces.

¿Tienes hambre de amor?

Sáciate del Amor de Dios que vive en ti. Dale al Señor tu cuerpo y tus acciones para recibir a Cristo en quien sufre, se duele, tiene carencias, sed, hambre, soledad, frío, ha perdido su hogar, lo han despreciado. Puede ser precisamente tus padres, tu pareja, tus hijos, tu familia, tus amigos…  cualquier persona del mundo que te rodea.

Ama, perdona y sálvalos en nombre de Jesucristo pues muchos no saben cómo amar pues la relación de sus padres termino en separación. Temen expresar su amor de hijos o de padres. Comparte tu amor a tantos que rechazan amar su hogar y su pareja. Cuantos que viven el egoísmo, el rencor y el temor.

Ama descubriéndoles que son buenos, que tienen la caricia y la riqueza del amor. Que Dios está en ellos. Ama entregando a su conciencia el Amor que Dios te entrega.

Mira el testimonio de la buena noticia de San Lucas (14, 1. 7-14)

El que se engrandece a sí mismo, será humillado y el que se humilla, será engrandecido.

Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Mirando cómo los convidados escogían los primeros lugares, les dijo esta parábola:

“Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya algún otro invitado más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga a decirte: ‘Déjale el lugar a éste’, y tengas que ir a ocupar, lleno de vergüenza, el último asiento. Por el contrario, cuando te inviten, ocupa el último lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate a la cabecera’. Entonces te verás honrado en presencia de todos los convidados. Porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido”.

Luego dijo al que lo había invitado: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos”.

Reflexiones sobre la buena noticia:

  • Ser verdaderamente humildes no significa sentirnos devaluados.Ni significa posar o usar una máscara.
  • Somos humildes cuando llegamos a vernos tal como Dios nos ve el Padre me ha creado con una Palabra única, de amor personal.
  • Por lo que puedo aceptar mi propio vacío. “Te he llamado por tu nombre. Tú eres mío o mía. Te contemplo como una persona preciosa. Te amo. No tengas miedo, porque Yo estoy contigo.”
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