No sé qué hacer “Jesús, en ti confío”

Quiero al papá de mi hija para ella, pero ya no sé qué hacer. A veces quisiera que las cosas se arreglarán rápido y más me desanimo. Ya no le voy hablar, por que me pongo mal cuando no me contesta. Más información

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¿Cómo Dios puede ayudarme?

A pesar de que hemos visto su presencia, nos preguntamos muchas veces ¿Cómo Dios puede ayudarme?

Dios es Amor, entonces la pregunta sería cómo el Amor puede ayudarte. El Amor no convive con el Temor, así que podemos decidir mirar la realidad con Amor o con Temor, es decir expresar el Amor que nos sostiene o anima o negar su existencia. Amar es compartir la esencia de Dios, es reconocer que somos una expresión del Amor de Dios a imagen y semejanza. Más información

Oración en la Pasión de Cristo

  • “Vive hasta perder el aliento y vive en el aliento del Amor”

Señor, vives siempre y no pierdes el aliento, eres aliento en mi vida. Tu pasión continúa, te miro en tantas ocasiones mostrándome el ánimo, tu Amor se extiende y renueva cuando te contemplo, cuando te miro en mi prójimo y te acepto en mí. Más información

Ama también a tus enemigos

Queridos hermanos y hermanas: El mensaje del Evangelio de este domingo lleva consigo un contenido rico en enseñanzas de vida para los cristianos. La enseñanza es profunda y novedosa: Jesús invita a sus discípulos a amar a los enemigos.

Tal enseñanza era desconocida por el mundo judío y extraña para el mundo griego. Era una novedad que expresaba el amor con el que Dios ama a los hombres.

El Evangelio nos invita a aspirar a la perfección y nos presenta la radicalización más clara y total del ser del hombre. Se nos invita simple y complejamente a amar a nuestros enemigos, a hacer el bien a los que nos odian, a no odiar al hermano ni en lo secreto del corazón, a no vengarnos y guardar rencor y a rogar por los que nos persiguen y calumnian para ser verdaderos hijos de nuestro Padre celestial.

La ley del Talión: Ojo por ojo, diente por diente, es una ley que nació para limitar la venganza indiscriminada de los pueblos orientales en aquellos tiempos. Jesús conoce esta ley y quiere romper con esa espiral de violencia que se genera al responder con la misma moneda. Jesús opone al instinto de venganza, la no violencia como respuesta activa; a la brutalidad, la bondad; al egoísmo, la generosidad.

Jesús  nos está presentando su proyecto de hombre perfecto. Su enseñanza, en realidad, puede ser dimensionada como una exigencia en mucho superior a la Ley de Moisés y a cualquier tipo de legislación. Desde un juicio humano, ecuánime y sincero, esta invitación a no vengarnos del que nos hace un mal, a darle al que nos pide, a no darle la espalda al que quiere un préstamo y a orar por los enemigos pueden y deben ser considerados como una especie de caminos difíciles de transitar y como preceptos no fáciles de practicar, sin la ayuda y la gracia de Dios.

Como podemos percatarnos, el humano que Jesús concibe es un ser humano al que le es exigido mucho más que a nadie (puesto que las exigencias que sobrevienen con el amor y con la misericordia de Dios son las exigencias más radicales), pero simultáneamente, y aunque pueda parecer contradictorio, a este hombre también le es exigido mucho menos que a nadie: pues el único precepto que se le da es el mandato del amor, y el Amor no es otra cosa sino la más profunda verdad que Jesús nos ha enseñado sobre el hombre, y la más radical de las exigencias.

No olvidemos que el Amor es el distintivo fundamental de toda persona humana: sólo el ser humano es capaz de amar. Amor verdadero es el amor humano y amor eminente es el amor divino. Se trata de un amor que ennoblece a Aquel que lo da y que enriquece a aquel que lo recibe. Y es que el ser humano cuando ama se parece más a Dios. Jesucristo es el profeta del amor.

Para conocer qué es el amor verdadero, cuáles son sus características y cuáles son sus cualidades, es necesario ver a Jesús, su vida y su conducta. Jamás las palabras dirán tanto sobre el amor como aquello que nos enseñan los hechos.

En Cristo hemos comprendido que el amor, en su sentido estricto, es la entrega personal y desinteresada a favor de otra persona, y con ello hemos comprendido que el Amor se manifiesta a través de las obras y del bien.

Si se nos invita a amar a nuestros enemigos, ¿qué tendremos entonces que hacer con aquellos que no son nuestros enemigos sino nuestros amigos y familiares? Si se nos invita a devolver un bien por un mal, ¿qué tendremos que hacer con aquellos que nos hacen el bien diariamente?

Un enemigo es el que quiere destruirnos y permanentemente nos hace el mal. No es alguien que nos trató mal o nos hizo sentir mal. Nosotros, muchas veces, nos detenemos, permítanme decirlo así, en tonterías, en descuidos, en faltas de atención, en torpezas en las relaciones humanas y en la comunicación. ¡A mí no me grita nadie! ¡A mí nadie me habla así! ¡Conmigo te topas! ¡A mí, él que me la hace me la paga y al doble! Sí, hermanos y hermanas, hoy tenemos que reconocer con humildad que el orgullo en el ser humano es una pasión grande que brinca por todas partes y que tenemos que someter, amando a todos sin distinción alguna.

Refiere un pensamiento anónimo que amar:

Es el silencio, cuando nuestras palabras pudieran hacer daño

Es la paciencia, cuando nuestro prójimo se muestra áspero

Es la sordera, cuando se extiende el escándalo

Es la consideración, hacia las tribulaciones ajenas

Es la presteza, cuando nos llama el deber

Es el valor, cuando estamos abatidos por el infortunio.

Puedes entonces preguntarte: ¿Para qué te ha puesto Dios nuestro Señor al enemigo en las manos? ¿Para matarlo? ¿Para acabar con él? ¿Para aniquilarlo? ¿Para que sacies tu sed de venganza? ¿O te lo pone al alcance de la mano para que le ofrezcas amor y ayuda?

Por ello dice el Evangelio:

Amen a sus enemigos

Hagan el bien a los que les odian

Bendigan a los que les maldicen

Oren por los que les injurian.

El Señor no tan sólo nos está invitando a dejar pasar al enemigo sin hacerle nada, sino que se trata de encontrarnos con él y no le dejemos ir sin hacerle algo, el bien. Debemos entonces comprender que un buen cristiano no es aquel que no hace mal a nadie, sino aquel que hace el bien a todos sin distinciones, aún a los que le odian.

Termino esta reflexión dominical recordando a Francis Bacon, el filósofo inglés no el pintor, cuando refiere en uno de sus célebres pensamientos que: “Vengándose, uno se iguala a su enemigo; perdonando, amando uno se muestra superior a él.” Pero, en la apreciación cristiana, no se trata de la superioridad de alguien que pudiera sentirse orgullosamente virtuoso y digno de ser imitado, sino que se trata de la superioridad que acompaña a alguien que ha logrado acceder a la gracia de Dios para que así podamos aspirar a la perfección porque nuestro Padre celestial es perfecto.

Finalmente recordemos lo que dijo el Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, en su mensaje del 1 de enero de 1997:

“Es verdad que no se puede permanecer prisioneros del pasado: es necesaria, para cada uno y para los pueblos, una especie de purificación de la memoria, a fin de que los males del pasado no vuelvan a producirse más. No se trata de olvidar todo lo que ha sucedido, sino de releerlo con sentimientos nuevos, aprendiendo, precisamente de las experiencias sufridas, que sólo el amor construye, mientras el odio produce destrucción y ruina. La novedad liberadora del perdón y el amor debe sustituir a la insistencia inquietante de la venganza. Pedir y ofrecer perdón es una vía profundamente digna del hombre y, a veces, la única para salir de situaciones marcadas por odios antiguos y violentos”.

Porque, si ustedes aman sólo a los que los aman ¿qué hacen de extraordinario? No hacen eso mismo los publicanos. Y si saludan sólo a sus hermanos ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto. Así sea. .

Escrita por:
Pbro. Armando De León Rodríguez


 

Evangelio del domingo día 19 febrero, 2017

Evangelio: Mateo 5:38-48

38 «Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.39 Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra:40 al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto;41 y al que te obligue a andar una milla vete con él dos.42 A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.43 «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.44 Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan,45 para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos?47 Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles?48 Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.

 


Definición de perfección

Si queremos conocer, en primer lugar, el origen etimológico del término perfección, tenemos que irnos, simbólicamente hablando, hasta el latín. Y es que deriva de la palabra “perfectio”, que puede traducirse como “la acción de dejar algo acabado” y que se encuentra compuesta por tres partes diferenciadas:
-El prefijo “per”, que es equivalente a “por completo”.
-El verbo “facere”, que es sinónimo de “hacer”.
-El sufijo “-ción”, que se usa para indicar “acción y efecto”.

Perfección es un concepto que se refiere a la condición de aquello que es perfecto. Lo perfecto, por su parte, es lo que no tiene errores, defectos o falencias: se trata, por lo tanto, de algo que alcanzó el máximo nivel posible.

La idea de perfección puede variar de acuerdo a la concepción filosófica. Para los católicos, lo único perfecto es Dios: no existe perfección fuera de Él. En este sentido, es imposible alcanzar la perfección en ninguna acción o creación del ser humano.

Es posible, sin embargo, afirmar que algo ha alcanzado la perfección cuando se desarrolla tal cual estaba previsto. En este caso, la perfección se asocia a un objetivo cumplido, sin que se registren fallos.

 

5 pasos para recuperar el Amor

Te comparto cinco pasos para sentir ese abrazo con poder del Reino de Dios.

Te tengo una buen noticia: El amor no se acaba, pues Dios es Amor. Y somos expresión viva del Amor del Señor. Tu pareja y tú son una expresión del Amor de Dios. Eres un Amor y al confiar el Amor a quienes nos rodean extendemos la presencia del Señor en el abrazo del Amor que pides se haga realidad.

Esto dice el Señor en el Evangelio de hoy (Marcos 8:34–9:1)

Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? Pues ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.» Les decía también: «Yo os aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios.»

Te comparto cinco pasos para sentir ese abrazo con poder del Reino de Dios.

El primer paso

La oración es un diálogo con el Señor para aceptar en nuestras vidas su voluntad. Amar a Dios sobre todas las cosas, dialogando sobre cualquier cosa que ocurra en tu vida, buscando escuchar su voluntad para aceptar su Amor, su camino, verdad y vida.

¿Que es lo que buscarás con este primer paso?: Permitir que vuelva a brillar en la oscuridad que vives en tu matrimonio, la luz del Amor que está en tí.. “nadie pone una vela debajo de la mesa para alumbrarse”.

Responde “primero Dios”

Aunque hagas la voluntad de otro, siempre será tu responsabilidad la respuesta que encarnas o realizas. Primero Dios responde con el Espíritu de tu espíritu a cada pregunta del día.

Las preguntas sobre el rumbo hacia el futuro tienen temor y, para responderlas, muchas veces van acompañadas de rencores y resentimientos. El futuro ocupa nuestro presente, así como el pasado está presente. Porque en verdad el presente es donde tenemos para resolver las preguntas:

Ese temor con resentimiento a lo que va a ocurrir es constante: La relación con la pareja; la página en blanco del escritor; el silencio que surcará el músico; la formación que darán los padres; los rencores y resentimientos; la tarea, los pendientes; el tiempo, la oportunidad, los recursos para la deuda… Aún la pregunta de ¿qué hemos de comer?

Las ventanas para responder

Si desconocemos la respuesta del Espíritu, para responder nos asomamos a las ventanas de nuestra conciencia:

  1. A nuestra mente para buscar juicios y mil razones

  2. También escuchamos la respuesta de nuestros sentimientos.

  3. El cuerpo, sus necesidades y limitaciones también tienen su punto de vista.

  4. La convivencia con las personas próximas tienen reglas y fórmulas para responder.

  5. El ambiente donde nos desenvolvemos también tiene respuesta.

  6. La imaginación y los sueños

  7. La memoria también tiene opinión de cómo responder.

Primero Dios” es respuesta

Todas las ventanas de nuestra conciencia opinan sobre nuestra existencia. Pero tal vez hemos olvidado abrir la puerta de la existencia, es decir, nuestro espíritu.

En nuestro espíritu está el ánimo. El espíritu es el fundamento de nuestra existencia. El amor y el perdón. La alegría y la templanza que es el dominio de uno mismo. La paz y la paciencia. La amabilidad y la bondad, La fe y la mansedumbre.

¿Cómo hacer que nuestro espíritu nos dé la respuesta de cada mañana? ¿Cómo escuchar sus palabras y dejarse abrazar por el Espíritu, para descubrir la respuesta del día, de cada instante?

Entonces la primera respuesta a cualquier pregunta está en encontrar al Espíritu (primero Dios), para que nos ayude en nuestra respuesta.

Tenemos cuatro herramientas para encontrarlo: La oración, la meditación, la contemplación y la compasión (el perdón)

(Mateo 9:12-13) Al oír El esto, dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. Mas id, y aprended lo que significa: “MISERICORDIA QUIERO Y NO SACRIFICIO; porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.

La oración

(Marcos 13, 33). En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento”.

La manera de ponernos en contacto con el espíritu es precisamente la oración que tiene 3 etapas:

1.- reconocer con quién estamos. Démonos cuenta que el Señor está presente ante la misma respuesta y la pregunta. Así que comencemos por saludarlo diciéndole: Padre nuestro, que estas en los cielos. o simplemente “hola Señor”. Cualquier frase que sea un descubrir que está presente cómo puede ser buenos días Señor, buenas tardes o buenas noches.

2.- Háblale para pedir o compartirle la pregunta. Con… ¿qué esperas de mí Señor? ¿que hago con…? ¿como ves esto… ? Háblale de lo que estás viviendo o necesitas.

3.- Confirma que esperas la respuesta de su Espíritu en tu espíritu. “Amén”, “Jesús, en ti confío”

4.- En el silencio de tus palabras escucha el eco y descubrirás que tienes respuesta del Espíritu. Su respuesta es una luz algo en ti que te hace expresar ¡claro que sí Señor! Generalmente la guía de su Espíritu es un fruto que tiene la presencia del amor y el perdón. Tal vez la respuesta está en la alegría y la templanza, que es el dominio de uno mismo. A lo mejor descubres la paz y la paciencia. O bien el camino está en la amabilidad y la bondad. También se manifiesta como fe y mansedumbre. Su expresión es tan profunda que al encontrarla muchas personas hacen salmos, canciones incluso cambian el rumbo de su vida. Santos, profetas y reyes leen en el mismo Espíritu que también está presente en tu espíritu

La respuesta “primero Dios” será fresca y te sorprenderá. Al principio te costará trabajo hacerlo, pero en la práctica hallarás la virtud.

Ayuda en la respuesta

La iglesia católica se distingue de muchas confesiones, además de la presencia viva del Señor en los Sacramentos donde el Señor espera paciente para darte su mano y su respuesta. También confiamos en la intercesión por nosotros que escucha el Señor de nuestra Madre del cielo, los ángeles, los santos y de los que nos hemos hermanado en la Iglesia. Como cuando invocamos a nuestra Madre del cielo con el Ave María donde le insistimos que ruegue por nosotros (que importante es el rosario) y las oraciones a ángeles y santos. Recuerdas la oración inicial el la Santa Misa…

Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor. Amén

Dios te bendice, primero Dios, acúnate en sus brazos.

El segundo paso

¡Acepta y entrega tu presente al Señor! dale tu pasado y tu futuro. Dios es Amor y el Amor es eterno, nunca se acaba, Pero en el conflicto lo que ocurre es que tu espíritu de amor se oculta, dejas de confiar el Amor a la otra persona. El Amor es la esencia de nuestra existencia, es el aliento de nuestra vida, es la verdad que nos guía y el camino que buscamos con afán. Somos expresión del Amor de Dios, eres espíritu de Amor.

¿Qué buscarás? Hacer la voluntad del Señor. Que cada paso sea guiado por el Señor. “En tu debilidad, está la fortaleza del Señor”. Preguntate siempre ¿Qué es lo que haría Cristo para resolver el momento en que vives?

La tormenta arrecia y el temor crece, fuertes vientos contrarios y la barca se mece a la buena del viento. Todo es más grande que lo que pueda controlar, el remo apenas rasca el agua y no logro avanzar hacia el rumbo propuesto. Las velas son un peligro pues mecen y ladean el bote. Quisiera echarle la culpa a alguien, quisiera decirle a alguien que quite de mi vida este momento ¿Jesús no te preocupas?

Señor, no sé cuál sea nuestro destino de nuestra vida, pero sé que tu estás con nosotros, te pido desde lo más profundo de mi ser que la protejas y la ayudes a descubrir el amor que has depositado en nuestro espíritu. 

Parece que ¿Dios es indiferente? Y aunque tengo el “Jesús en la boca” me miro desamparado y sin su presencia. Las olas me llenan de temor y la obscuridad cobija mis pensamientos. Me miro rodeado de personas y experimentamos dolor, sufrimiento o angustia. Parece extraño que Dios permita que eso continúe y la tormenta avance. Cómo encontrar la paz de Jesús, La preocupación está en el telón obscuro que enfrentamos. SI tan sólo pudiera encontrar en mi conciencia la presencia de Jesús.

Jesús siempre tiene una visión que va más allá, y nos pide a nosotros lo mismo. Mira el momento presente y sujeta el timón con las manos de Dios, confía en su presencia, búscala tu espíritu, es donde está el templo del Espíritu Santo, confía en que Jesús en nombre del Padre, en el Espíritu Santo trabajará en todas las cosas por nuestro bien.

Ahora reconoce la fe que Dios te ha entregado para que sepas que está presente, deja de mirar a cualquier otro pensamiento o sentimiento y mira la fe. La fe es un regalo que te entregó desde el día en que te encarnó en esta tierra. Tal vez está empolvada, ahogada y olvidada entre rencores, ruidos y preocupaciones.

Te propongo este ejercicio de Meditación

Enfoca tu conciencia a la fe. Dile a tu mente que repita “Señor, yo  creo en ti, pero aumenta mi fe” (Marcos 9, 22-24.) Una y tantas veces hasta que tu mente comprenda que tienes fe. También dile a tu emoción tormentosa que se sosiegue, pídele a tu cuerpo que respire profundamente, despacio, como las olas del mar calmo que llegan a la playa. Y une el pensamiento a tu respiración: al tomar aire profundamente que tu mente repita: “Señor, yo  creo en ti..” y al exhalar tu respiración suavemente completa la frase : “…pero aumenta mi fe”, Repite este ejercicio de meditación en la fe hasta que tu mente y tu emoción se dobleguen a la presencia de la paz de nuestro Señor. Verás que luego de minutos descubrirás la fe, que te confirma la presencia del Señor y con Él la paz tan anhelada con el rumbo de su voluntad.

La Palabra de Dios

Mateo 8:23–27

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole: «¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!» Él les dijo: «¡Cobardes! ¡Qué poca fe!» Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma.

Ellos se preguntaban admirados: «¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!»

El tercer paso

Perdona.

Perdonar no significa olvidar o hacer a un lado los hechos. Perdonar es transformar en bendición las ofensas. Ademas levantarse, aceptar los hechos (la cruz) y volver a caminar en el Amor.

¿Qué buscarás? Vas a descubrir que con el Amor puedes transformar una maldición en una bendición. Que con el Amor del Señor se puede volver a caminar “los CIEGOS RECIBEN LA VISTA y los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los POBRES SE LES ANUNCIAN LAS BUENAS NUEVAS.

Alma mía, el Señor insiste en que pongas su palabra en tu vida, que la encarnes y la extiendas como bendición por el mundo. Simplemente la escucha de su palabra parece difícil, pues hay tanto ruido en las preocupaciones y rencores, en el temor y los egoísmos del corazón, que alzarse sobre ese ruido requiere negarse y cerrar la puerta de los sentidos y las emociones para entender y comprender la palabra del Señor. Alma mía, su palabra tiene la fuerza y el sentido de lo que tanto anhelas.

Duele reconocer la ignorancia que le haces al Señor. Aun estudiando la biblia con los evangelios, llegamos a ignorar al Señor cuando le quitamos al espíritu los momentos para dialogar con Dios y vivir la experiencia del Espíritu Santo en nuestro espíritu terrenal. Alma mía, deja de enfocarte en tu mente y emociones y descubre en tu espíritu las palabras del Espíritu Santo.

Es en nuestro espíritu donde el Espíritu Santo escribe la palabra del Señor, es desde la conciencia de que somos un espíritu. No  te confunda el adversario empujándote a que vivas tu cuerpo, tus ideas o tus emociones. Alma mía: mente, emociones, imaginación y cuerpo son herramientas al servicio de tu espíritu que el Señor ha puesto para que bendigas al mundo.

Hasta cuando dejarás de rondar en la orilla del espíritu para habitar el espíritu que el Señor te ha entregado. Habita tu espíritu que viene del amor, se alimenta del amor, camina en verdad y vida pues es el Señor quien impulsa suavemente tus ideas y emociones desde el amor. Alma mía, has oración, vive las palabras que invocas, reconoce al Señor al invocarlo, reconócete en el Señor al orar.

Alma mía deja de invocar tu egoísmo y lleva con tu vida el amor que viene del altísimo y que en la humanidad se encarna para bendecir el universo. Bendice a Dios en su creación y en tu prójimo como en ti.

Deja de recibir la palabra del Señor ¡acéptala! pues en tu espíritu está inscrita. La palabra del Señor está presente pues su palabra es la presencia del eterno amor. La palabra del Señor se vive, camina y reconoce en verdad, pues es en verdad, camino y vida, es en el Señor Jesús, donde espera tu espíritu habitar. La palabra del Señor es la fe que te mueve en el mundo para que muevas el mundo a la fe. Alma mía ¿qué esperas para entregar todo? si en el Señor Dios todo lo recibes: acepta y entrega

La Palabra de Dios

Lucas 11:27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: “Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.” Pero él repuso: “Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.”

Cuarto paso

Contempla.

Hasta cuando dejarás de rondar en la orilla del espíritu para habitar el espíritu que el Señor te ha entregado. Habita tu espíritu que viene del amor, se alimenta del amor, camina en verdad y vida pues es el Señor quien impulsa suavemente tus ideas y emociones desde el amor. Alma mía, has oración, vive las palabras que invocas, reconoce al Señor al invocarlo, reconócete en el Señor al orar.

En el fondo de tu conciencia está tu espíritu es el templo que tiene profundidad en el Señor y altura en su amor ¿dejarías que te robaran a Dios? Si esto ocurriera la muerte y la sombra eterna se apoderaría de tu conciencia y tu existencia sería memoria sin perdón y esperanza sin rumbo. Alma mía, enfócate en abrir tu conciencia para que el espíritu descubra al Creador, al Salvador y el consuelo y sentido desde este mundo.

  • Mírate alma mía, sin Señor no tienes sentido.

  • Mírate nuevamente alma mía y descúbrete en Dios que te da Sentido.

  • Mira a Dios mirando cada paso y pensamiento que arropas y transformas en maldición o en bendición.

  • Mira a Dios mirándote en su creación desando extender su bendición a través de tus acciones.

  • Mira a Dios mirándote cuando encarnas sus palabras y te compartes como mensajero de la buena noticia.

  • Mírate alma mía, pues eres el espíritu que lleva la buena noticia, que la vive y la comparte con el hambriento, el doliente, el desolado, el pobre (aún en sus riquezas), el sediento de una gota del manantial, del rocío del amor.

Alma mía hoy descubrí que la paz se entrega y al entregarla la recibes al convertirte en instrumento de la expresión de la paz. La paz viene del Espíritu Santo y se manifiesta en el espíritu que quien la recibe y la comparte. Pero no todos quieren recibir la paz, tal vez no la han reconocido.

  • Tal vez esa semilla de paz no ha florecido en la mente de quienes, por tantos juicios, condenas y el tizne de pensamientos de venganza.

  • Puede ser que la paz sea este cubierta en su corazón cubierto de la maleza de los resentimientos, rencores y temores que no han sido removidos por el perdón

  • También las debilidades del cuerpo y sus adicciones a las sustancias que provocan placer o los enajenan del mundo profundo viviendo sólo las sensaciones de la piel o la gula que esconde la paz que está en nuestro ser para compartirse.

Alma mía, compartir la paz es una bendición sencilla: “Que la paz sea en esta casa” algo así como compartir el fuego de una vela y unirla con las que están en el hogar. Al unirse crecerá la llama e iluminará la vida con la claridad del Espíritu Santo. Pues la paz es el abrazo que contiene el Amor del Espíritu del Señor. Como si fuera el calor de los brazos que te protegen de todo mal cuando te acunas en su paz al entregarla.

La paz es el eco del perdón y la misericordia. Para ungir la paz debes lavar tu conciencia con el perdón que viene de la misericordia del Señor. Y esa frescura de la limpieza es la paz que te envuelve, es el espacio donde el Señor nos reúne como padre bueno.

Alma mía lucha por recibir y entregar la paz, que tu boca descubra cuando se abre para entregarla y cuando debe disfrutar de estar callada. Que tu mente descanse en la justicia y la sabiduría del Señor. Que tus emociones sanen con el ungüento del perdón del Señor, descubre la bendición de su misericordia aun en la ofensa o cuando niegan su presencia. Que tu cuerpo sea el templo que abraza con la paz. Insiste en entregar la paz, ve por todo tu mundo por toda tu vida, con todos tus prójimos, tus enemigos, tu familia y entrégales la paz. El Señor confía que tu la entregarás, por eso confía en tí para hacer la paz.

Todo esto te lo pido Padre Nuestro, en nombre de Jesucristo tu hijo, nuestro Señor, que con tu Espíritu Santo son un sólo Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Ahora alma mía descubre la paz del Señor y contemplarlo en el Evangelio según San Lucas 10,1-9.

El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.

Y les dijo: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.

¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.

No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.

Al entrar en una casa, digan primero: ‘¡Que descienda la paz sobre esta casa!’.

Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.

Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.

En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: ‘El Reino de Dios está cerca de ustedes’.”

Quinto Paso

Encarna el amor.

Mira a Dios mirándote en su creación deseando extender su bendición a través de tus acciones. Señor, żcuando te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”

Abre tu espíritu

Has oración desde tu espíritu, te compartes al Espíritu Santo y Él en ti: La oración es un diálogo consiente del amor que nos sostiene. La oración es un acto de amor con Dios, con nuestro prójimo y con nosotros mismos. Encarna tu Amor, limpia tus palabras pues las palabras muestran el interior de nuestra mente, boca y acciones, Mira el interior de tu corazón y encontraras el Amor que en verdad transforma tu camino en la vida.

Mírate en la Presencia de Dios, imagina a Jesús mismo, de pie o sentado a mi lado. Confía todo lo que está en tu mente, y corazón, tal como se le habla al mejor amigo.

Sé instrumento de Amor

Platica con el Señor

Hasta cuando dejarás de rondar en la orilla del espíritu para habitar el espíritu que el Señor te ha entregado. Habita tu espíritu que viene del Amor, se alimenta del amor, camina en verdad y vida pues es el Señor quien impulsa suavemente tus ideas y emociones desde el amor. Alma mía, has oración, vive las palabras que invocas, reconoce al Señor al invocarlo, reconócete en el Señor al orar y encarnar tu amor en las obras de cada dia.

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